viernes, 12 de octubre de 2012

Dejen que escriba mi historia con mi propia sangre


Capítulo 26




               Entró Ramón a su casa, al ver a Isabel platicar con su madre se puso nervioso, sabía que su hija le esperaba para pedirle explicaciones sobre las decisiones que tomó respecto a ella sin su consentimiento, con mucha serenidad disimuló, sonrió y la abrazó diciéndole bienvenida a casa, ella no dejó que pasara el tiempo y arremetió preguntando por qué la engañó mandándole a Miami para quedarse, él le aseguró que quería darle una sorpresa, era un regalo que lo tenía guardado para que pudiera estudiar en el extranjero y prepararse mejor que en este país, gracias por tus deseos, pero detrás de estas había algo más, ¡no es así papá! exclamó Isabel, Ramón al verse descubierto de sus verdaderas intenciones, argumentó que lo hacía por su bien, que se merecía un mejor novio, a lo cual ella respondió, que no era ninguna niña para no darse cuenta qué es lo que quiere en esta vida, es cierto que uno puede equivocarse, al menos déjenme equivocarme para que pueda aprender y enmendar mis errores, solo así podré crecer en conocimiento a través de las vivencias, dejen que escriba mi historia con mi propia sangre, eso hará que me haga más humana, puedo escuchar los consejos que quieras darme, pero no tomes decisiones que no te pertenecen, en lugar de ayudarme a crecer, lo único que conseguirás es obstaculizar mi desarrollo como persona, Ramón quedó contrariado porque no alcanzaba a comprender el verdadero significado de sus palabras, muy molesto se retiró a su alcoba, su madre le decía, que no se preocupara, que tratará de convencerlo para que aceptara su relación con Alejandro, dicho esto se dieron las buenas noches y se retiraron a sus alcobas.

               Inés no sabía cómo abordar el tema con Ramón, hasta que se le ocurrió preguntarle si es feliz con la vida que lleva, él le contestó, qué más puedo pedir, si dispongo de todo para estar dichoso y contento, una buena empresa, una esposa que me obedece, salimos de viajes, podemos comprar lo que se nos antoje, somos la envidia de este pueblo, a lo cual ella le objetó diciendo, que para él la felicidad se puede comprar con dinero, entonces la gente pobre no tiene derecho a la felicidad, con la voz firme y un poco subida de tono continuó diciendo, mírame bien, llevo en mi cuerpo joyas de gran valor, vestidos de una marca muy prestigiosa, tengo abundante comida, vivo en el chalet más grande y hermoso de toda le región, en cambio, no soy feliz, me siento prisionera entre estas paredes, muchas veces he tenido ganas de salir corriendo, si no lo hice, es porque veía a Isabel siendo niña jugar entre las flores, sus sonrisas alegraban mi alma, ahora cuando ella me habla de Alejandro y de todo lo que hacen por los niños de la calle, veo brillar sus ojos, su rostro se ilumina, la felicidad no entiende de riquezas ni pobrezas, está ahí y no sabemos verla, Ramón haciendo caso omiso a lo que le decía su esposa, se metió a la cama y se tapó completamente con la sábana como si no quisiera oírla más, no aceptaba que nadie le dijera ciertas verdades, estaba encerrado en sus propias creencias, no quería mirar más allá de sus narices, Inés se armó de valor, se acercó más y le descubrió la cara y siguió diciéndole, para qué te sirve el dinero, para comprar a políticos, mantener a tus amantes, pagar a las damas de compañía en tus viajes de negocios, al menos recuerdas si en algún momento has sentido compasión por esa gente que no tienen un pedazo de pan para llevarse a la boca, vivimos ciegos ante esta realidad, gracias a ellos me di cuenta, que llevaba una vida llena de hipocresía, en lugar de gastarme el dinero en ropa costosa, en joyas, en peluquerías, en cremas para las arrugas, que solo inflan más mi vanidad, debería dedicar mi tiempo en ayudar a la gente más necesitada, si todos los ricos de la tierra hicieran lo mismo, esta sociedad sería distinta, con salud y una buena educación no solo en lo profesional, sino también en lo humano, la vida en la tierra estaría llena de paz y de progreso, todos saldríamos ganando, justamente eso es lo que quieren Isabel y Alejandro, esos dos han nacido el uno para el otro y tú te opones a esa relación, por una sola vez en tu vida, reflexiona y pregúntate que es lo mejor para tu hija, dicho esto, él le pidió que se acostara, que era muy tarde y tenía que madrugar, nuevamente eludía la conversación, puesto que sus razonamientos se hallaban enfrascados solo en números, cuentas bancarias y beneficios que podría recibir de su fábrica, no tenía cabeza para nada más.

             Por la mañana, después que Ramón se marchó a su oficina, Inés le comentó a su hija, que hizo todo lo posible para que su papá entrara en razón y aceptara su relación con Alejandro y aceptó madre, preguntó ella, no sé si aceptará, porque mientras hablaba me dio la sensación que me encontraba sola entre las cuatro paredes, tu padre no pronunció nada, ya sabes cómo es él, terco, no quiere escuchar lo que no le conviene, espero que se le ilumine la mente y acepte que te cases con Alejandro, gracias mamá por intentarlo, ahora le llamaré para verme con él en la Fundación.

               A la hora de la cita ambos asistieron al mismo tiempo, eran las diez y treinta de la mañana, los niños saltaban de alegría, levantaban los brazos para que los cogieran, jugaron un rato y enseguida se pusieron a hacer dibujos, a medio día almorzaron juntos con Alejandro e Isabel, quienes posteriormente se lo pasaron haciendo cuentas, también conversaban con ellos para conocer sus inquietudes y necesidades, al finalizar la tarde, salieron a dar un paseo por la avenida principal, en el parque se sentaron en un banco y recordaron las citas que tuvieron para planificar de la mejor manera la forma de ayudar a los niños de la calle, que ahora se encuentran protegidos gracias a la Fundación, era muy reconfortante para ambos estar nuevamente en ese lugar, ella le comentó sobre la mujer que quería hablarla urgentemente, le pidió que le acompañara, que ella vivía en el pueblo donde fueron víctimas del accidente, él aceptó y además le sugirió que el resto de tiempo lo aprovecharían para visitar a Raquel y su familia, me parece bien dijo ella, tengo ganas de volver a ver a Sofía, no te olvides de venir mañana para que hables con mi papá, tienes que estar temprano, porque él sale de viaje a las diez de la mañana, está bien estaré sin falta a las ocho, luego de acompañarla a su casa, se dirigió a la suya.

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